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Privacidad y gestión de datos: los riesgos ocultos en las plataformas de terapia online

Según recoge The Independent en un informe reciente, las denuncias contra plataformas comerciales de telesalud y terapia online por compartir datos sanitarios con terceros sin consentimiento no dejan de crecer.

Privacidad y gestión de datos: los riesgos ocultos en las plataformas de terapia online

La semana pasada, varios reguladores estadounidenses volvieron a poner sobre la mesa una preocupación que, como terapeutas digitales, también nos toca de cerca. Según recoge The Independent en un informe reciente, las denuncias contra plataformas comerciales de telesalud y terapia online por compartir datos sanitarios con terceros sin consentimiento no dejan de crecer. Para nosotros, los terapeutas que gestionamos una consulta, la noticia no va de un problema ajeno: señala un punto ciego que también puede afectarnos cuando elegimos o recomendamos herramientas digitales.

Lo que está pasando y por qué nos toca

La cadena de casos que mencionan los reguladores norteamericanos incluye nombres conocidos como BetterHelp o GoodRx, a los que se ha acusado de ceder información de salud a Meta y Google sin autorización clara del usuario. La lectura de fondo, y aquí aparece la pregunta incómoda para nuestra práctica, es que buena parte de estas plataformas queda fuera del paraguas de las leyes específicas que rigen la historia clínica tradicional. Dicho de otro modo: el marco jurídico que protege al paciente dentro de una consulta presencial no siempre se extiende del mismo modo a las aplicaciones comerciales de salud.

En paralelo, una investigación de TimelyCare —de la que se hace eco la nota de GlobeNewswire— revisó a más de 5.200 pacientes atendidos por teleterapia y concluyó que el seguimiento clínico continuado y la medición estandarizada sesión a sesión se asocian a mejores resultados. La conclusión no es que toda herramienta online sea mala, sino que la diferencia vuelve a estar, como tantas veces, en el encuadre: qué se mide, con qué criterio y bajo qué responsabilidad profesional.

Qué revisar antes de seguir o cambiar de plataforma

Antes de dejarte llevar por la siguiente demo que te llegue al correo, te propongo un ejercicio sencillo: abre la política de privacidad de tu software de gestión o de tu plataforma de videoconsulta y busca tres cosas concretas. Primero, dónde se alojan los servidores y qué legislación se aplica por defecto. Segundo, si aparece una cláusula clara sobre cesión de datos a terceros con fines publicitarios o de analítica. Tercero, qué ocurre con las grabaciones o transcripciones de sesión una vez finalizada la intervención.

También conviene distinguir entre dos tipos de servicios que a menudo se mezclan en nuestro día a día: las plataformas comerciales pensadas para captar usuarios de forma masiva y los entornos clínicos diseñados desde el principio con la historia clínica como pieza central. Las primeras suelen apoyarse en cuestionarios iniciales y procesos automatizados; los segundos incorporan el criterio del profesional en cada paso. La transformación digital de la consulta, como apunta iProfesional al repasar la integración de agendas, CRM y comunicación en centros sanitarios, aporta orden y calidad asistencial cuando las áreas están conectadas de forma coherente —y no cuando se sustituye el juicio clínico por un formulario.

Lo que merece la pena seguir de cerca

Si algo nos deja esta conversación es una tarea pendiente para las próximas semanas: revisar con calma los consentimientos informados que firmamos con cada paciente, confirmar que recogen expresamente el canal telemático y documentar qué plataforma utilizamos y bajo qué condiciones. No se trata de alarmarse, sino de aplicar el mismo cuidado que pondrías al elegir un test psicométrico: con datos sensibles, la herramienta no es neutra. Conviene seguir de cerca cómo evolucionan las recomendaciones de los colegios profesionales y las guías europeas de protección de datos aplicadas a la salud mental, porque el escenario normativo todavía se está escribiendo —y nosotros, queramos o no, formamos parte de él.