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Cómo el monitoreo rutinario de resultados transforma la eficacia en psicoterapia

Según un reciente documento del Centro de Políticas Públicas UC, avanzar hacia el monitoreo rutinario de resultados (ROM) en psicoterapia —es decir, recoger de forma sistemática la evolución clínica…

Cómo el monitoreo rutinario de resultados transforma la eficacia en psicoterapia

Según un reciente documento del Centro de Políticas Públicas UC, avanzar hacia el monitoreo rutinario de resultados (ROM) en psicoterapia —es decir, recoger de forma sistemática la evolución clínica del paciente mediante instrumentos validados— puede ser la pieza que falta para que el aumento de cobertura en salud mental se traduzca en tratamientos verdaderamente efectivos. La propuesta aterriza en un contexto donde aproximadamente un tercio de los pacientes no responde favorablemente al tratamiento, un dato que obliga a replantear cómo se mide el éxito clínico más allá del número de sesiones atendidas.

Cobertura crece, pero los sistemas siguen ciegos al resultado

Chile ha dado pasos relevantes en los últimos años: la Ley 21.331, más presupuesto, nuevos Centros de Salud Mental Comunitaria y el Copago Cero. Sin embargo, según el análisis, ese salto convive con sistemas de registro que solo cuentan prestaciones —atenciones, talleres, medicamentos entregados— y no la evolución real de síntomas, funcionamiento o calidad de vida del paciente. A ello se suma una alta heterogeneidad en la formación de psicólogos clínicos y la ausencia de estándares nacionales obligatorios de acreditación o certificación de competencias. El resultado práctico: ni el clínico ni el gestor del servicio pueden detectar con agilidad si un caso se estanca antes de que sea tarde para redirigir la intervención.

ROM como brújula clínica: la métrica entra en la consulta

La propuesta del documento apunta a utilizar de forma sistemática información sobre la evolución del paciente durante la psicoterapia para detectar tempranamente casos que no están respondiendo, ajustar los tratamientos y retroalimentar las decisiones clínicas. Los mismos datos agregados, añaden los autores, sirven para evaluar servicios, orientar mejor los recursos y diseñar políticas públicas basadas en evidencia. Para quien gestiona una consulta con criterio digital, la lectura es directa: las herramientas digitales ya permiten integrar esta medición sin añadir fricción al flujo de trabajo, y operar sin métrica de progreso equivale a tomar decisiones clínicas con el retrovisor analógico en un entorno que exige resultados documentados.

Lo que conviene tener en el radar

Aunque el ROM cuenta con respaldo técnico creciente, su despliegue a gran escala choca con decisiones pendientes: instrumentos comunes, interoperabilidad con la historia clínica e incentivos claros para que el profesional mida sin percibirlo como burocracia añadida. Los autores —Paula Errázuriz, Candice Fischer, Valeria Fuentes y Sebastián Opazo— dejan una pregunta incómoda al gremio: si sabemos medir la evolución del paciente y existen herramientas digitales para hacerlo, ¿qué impide incorporarlo ya a la rutina clínica? En un sector donde la formación heterogénea convive con la ausencia de acreditación obligatoria, estandarizar la medición del resultado puede ser el primer paso para profesionalizar la práctica desde dentro, antes de que la regulación lo imponga desde fuera.